Hoy en El Correo de Andalucía, Juan Salas Tornero, Presidente de la Escuela Andaluza de Economía, explica en esta tribuna por qué es tan importante la apuesta por la inversión en educación como camino hacia la excelencia universitaria.
En su historia más reciente, la Universidad en España ha atravesado diferentes etapas. A finales del siglo XIX, puede decirse que la Universidad es docencia. La institución venía debilitada del siglo anterior y los pensadores mejor instruidos la consideraban algo fosilizado, de bajo nivel e incapaz de aportar pensamiento innovador alguno.
Sin embargo, el siglo XIX supone un giro radical en esta visión. El Plan Pidal (1845) y la Ley Moyano (1857) consiguen relanzar, a través de la intervención y la apuesta estatal, la educación universitaria de manera definitiva. Se inaugura una época de grandes docentes, ilustrados académicos del mundo universitario como fueron Miguel de Unamuno o Giner de los Ríos. El XIX es el siglo de la enseñanza de letras, donde destacan las Universidades de Filosofía y Letras, Derecho, Medicina y Farmacia. Así, no es de extrañar que, a mediados de siglo, de unos 17.000 estudiantes, 8.400 se ubicaran en las escuelas de derecho.
Esta situación comienza a cambiar a finales de siglo con la creación en 1857 de la Facultad de Ciencias (que abarcaba Ciencias Exactas, Físicas y Naturales). España entra así en el siglo XX con una universidad reforzada y que empieza a innovar en el ámbito científico con paso lento pero decidido.
El siglo XX será el siglo en el que, junto a la docencia, se potencie la investigación. Además, el movimiento universitario empieza a ser potente. Los universitarios se muestran orgullosos de serlo; en Sevilla, como en muchos otros sitios, los estudiantes levantan incluso un monumento a su fundador, Maese Rodrigo, para demostrarlo. Por desgracia, la guerra civil y la posguerra frenan durante demasiado tiempo el despegue cultural que había comenzado de manera fuerte en 1919 con el Plan Silió y que tanto prometía; sin embargo, a pesar de ello, el siglo XX dejaría el ejemplo del trabajo y la entrega de reconocidos científicos de la talla de Gregorio Marañón o Ramón y Cajal.
Ahora nos encontramos inmersos en el siglo XXI, momento en que la Universidad, además de docencia e investigación, debe convertirse en un organismo inversor que, apoyado por los resultados investigadores, se comporte como un lazo de unión del conocimiento con su aplicación en el mundo empresarial.
Actualmente hablar de educación debería llevarnos de inmediato a hablar de calidad y excelencia, características indispensables para una institución de tan alta responsabilidad social.
Sin embargo, queda un largo camino por recorrer hasta lograr la excelencia universitaria. Es urgentemente necesario tomar el pulso a la calidad en las aulas de unas Universidades que deben estar en las mejores condiciones para pelear por ser promotoras de innovación social, cultural, empresarial y económica.
Estoy convencido de que la educación es la inversión más rentable que podemos hacer. Debemos apostar por la docencia y la investigación como herramientas que nos conduzcan a alcanzar un sistema educativo con el que estemos en condiciones de competir con los mejores en desarrollo, conocimiento e innovación; y eso sólo podemos hacerlo con el incremento de la inversión, la apuesta firme por la investigación y el refuerzo de la calidad en la docencia.
Para la Escuela que presido, la Universidad debe convertirse en un motor más del país que ayude en el desarrollo económico y el progreso social. Por eso, hemos puesto en marcha una nueva herramienta de intercambio de conocimientos y experiencia que nos ayude a mejorar en excelencia y calidad.
Nos mueve la inquietud por dar respuesta a problemas actuales y hacerlo desde la observación, la reflexión, el debate y el estudio de experiencias exitosas en este campo. Estoy convencido de que la apuesta decidida y la lucha por la educación de excelencia es, hoy por hoy, la mejor política que puede hacerse para impulsar a la economía hacia un mayor y mejor desarrollo.
Somos conscientes de que nuestro país no destaca en términos de excelencia académica, algo que queda demostrado si miramos el ranking de las 150 primeras Universidades del mundo, entre las que no se encuentra ninguna universidad española. Por ello, la Escuela Andaluza de Economía hace con el desarrollo del ciclo La Educación de Excelencia una fuerte apuesta para fomentar la excelencia de nuestras Universidades a través de la observación y la escucha de las experiencias de las mejores Universidades del mundo y la elaboración de un Libro Blanco con el que pondremos los conocimientos adquiridos a disposición de toda la sociedad. Además, el proyecto contempla la creación de un sistema de apoyos para que proyectos exitosos se conviertan finalmente en innovadoras start-up que devuelvan esa inversión a la sociedad.
Nuestro sistema de educación superior necesita ser modernizado, para lo que es fundamental ubicar la investigación en un entorno académico, científico y emprendedor innovador, algo que requiere indiscutiblemente de una estrategia exitosa de promoción de la excelencia.
Debemos implicar a participantes e invitados en la profundización del análisis sobre la situación actual de la Universidad en España, hacerlos partícipes de los problemas con que contamos y mostrarles el camino que debemos seguir hacia la educación de excelencia. Y, al menos en mi opinión, no hay mejor camino para generar nuevas ideas que a través de los ojos y la experiencia de aquellos que ya han alcanzado el éxito.



#1 por francisco el 22 de Marzo de 2010
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si tenemos” la mejor liga de futbol del mundo” con las consiguientes inversiones multimillonarias, no seria conveniente que se gravaran mas fiscalmente y fueran a parar a inversiones en las universidades de este pais, al objeto de tener por lo menos una dentro de las 100 mejores. Nuestro PIB lo demanda.