José María O’Kean, Catedrático de Economía de la Universidad Pablo de Olavide y Miembro de la Comisión Técnica de la Escuela Andaluza de Economía, firma hoy una interesante tribuna en El Correo de Andalucía.
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Hay que reconocer que, hasta la crisis económica, la creación del euro y la consolidación de la Unión Monetaria habían transcurrido por un camino de rosas, en un ciclo económico expansivo largo y sin tensiones monetarias. La crisis ha puesto a prueba positivamente la fortaleza de este sistema monetario, pero la salida de la misma nos está demostrando que este selecto club requiere de sus socios más rigor del que era previsible.
Como es sabido, los países que requerían más financiación internacional, en la medida que vivían por encima de sus posibilidades, han visto como los mercados financieros han perdido la confianza en sus activos financieros y las salidas de capitales, que se han originado, ha depreciado sus monedas. Tal es el caso del dólar norteamericano y la libra esterlina, debido a que estos dos países venían presentando de manera continuada déficits en su Cuentas Corrientes de alrededor del 5% de su PIB.
La UM, regida por Alemania, el mayor exportador del mundo, ha visto como el euro se fortalecía en el proceso de ajuste y una vez que la senda del crecimiento se ha iniciado, aunque con timidez, toca ajustar las cuentas y mirar a un nuevo ciclo con confianza. Y esto era así hasta que los mercados financieros han detectado que dentro de la UM hay que diferenciar unos países de otros.
Esta diferenciación, que se traduce en una mayor exigencia de tipos de interés para financiar el nuevo endeudamiento, no debe verse como una conspiración si se analizan los datos sin apasionamientos. Por ejemplo, antes de la crisis, España y Grecia eran dos países que también vivían por encima de sus posibilidades. Sus saldos exteriores eran deficitarios en una cuantía del 9.8% y del 12% del PIB respectivamente. El doble que USA o el Reino Unido.
Durante la crisis, todos hemos hecho políticas de demanda expansivas aumentando el Gasto Público. Esto ha llevado a España a un Déficit Público, que hay que financiar, del 11.8% del PIB y a Grecia del 13%. Como consecuencia la Deuda Pública emitida ha subido en el caso griego al 125% de su PIB, y en el caso español a una cifra aún aceptable, el 66%.
Pero si miramos con más detenimiento, las necesidades de financiación, no tanto de los agentes públicos sino de los privados, vemos que las familias y las empresas griegas estaban endeudadas en 2009 hasta un 103% de su PIB y las españolas hasta el 209%. Como puede verse, los mercados financieros tienen más que sobradas muestras de que estos dos países van a necesitar muchos recursos financieros y que pueden tener dificultades para pagar las deudas vencidas. Además hay que hacer observar que la cifra record de paro de la economía española, nos obligará a mantener el gasto social y nos impedirá ajustar nuestras cuentas en los próximos años.
Ante esta difícil situación, los programas de ajustes se están presentando con mayor o menor éxito. Aparentemente la economía española es más sólida que la griega y es de mayor dimensión. Pero también está mucho más endeudada.
Es cierto que los mercados financieros han sido culpables de la crisis financiera. Pero también lo han sido los Bancos Centrales por las políticas superexpansivas que han practicado y, finalmente, todos nosotros que nos hemos endeudado para vivir mejor de lo que podíamos. Ahora se trata de llevar los ahorros de las personas, gestionados por los fondos de inversión, a los sitios más seguros para mantener el valor de los mismos. Y en estas decisiones nadie habla de patriotismo y unos pocos países endeudados pueden arrastrar a la misma moneda de otros países que están ajustando sus cuentas y que son solventes.
La desconfianza ha llegado a tal extremo que la UM ha tenido que salir al paso. Y en esta acción, ante la seriedad del momento, se ha puesto de manifiesto que Alemania, con la compañía de Francia, es quien manda en la UE y que las autoridades comunitarias, los presidentes rotatorios y hasta el máximo dirigente del BCE, quedan subyugados ante la comparecencia de la Sra. Merkel. Y hay que reconocer que ha estado lista. No se ha dejado engañar por las circunstancias y se ha dado cuenta de que si ayuda a quien lo hace mal, está generando un incentivo para que haya más países que sigan esta senda. Se ha limitado a decir que la UM apoyará a los países con problemas, pero sin prometer fondos y exigiéndole que ajusten sus desequilibrios financieros. Y en ello estamos. Y a nosotros nos coge nuevamente con el pié cambiado. Cuando aún no hemos salido de la crisis, ni hemos cambiado nuestro modelo productivo, ni hemos acometido reforma estructural alguna, empezamos a realizar una política fiscal restrictiva, que va a alargar la recesión.
José María O’Kean es Doctor en Economía por la Universidad de Sevilla (1986), Executive Master en e-business por el Instituto de Empresa (2001), Senior Associate Membrer del St.Antony´s Collage de la University of Oxford (1985) y fue investigador visitante en la John F. Kennedy Shool of Government de la Harvard University (1987).
Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Pablo de Olavide desde su creación en 1997 hasta 2003 en que pasó a ser Vicerrector de Fundaciones de esta Universidad. Actualmente es Catedrático de Economía Aplicada, profesor de Teoría Económica y Económica Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla desde 1997 y profesor asociado de Entorno Económico y Análisis Económico en el Instituto de Empresa de Madrid desde 1991.


