Carmen Alcaide, miembro de nuestra Comisión Permanente, ha redactado para El País Negocios, un interesante artículo donde explica que el modelo productivo, desde el punto de vista de la economía real ya ha cambiado, que ajustes se están produciendo y que habría que hacer para mejorarlo.
Cuando se habla de la necesidad de cambiar el modelo económico, generalmente los políticos se refieren a abandonar el modelo de crecimiento de la etapa expansiva anterior, basado en gran medida en el boom de la construcción residencial (intensiva en mano de obra) y comenzar un nuevo modelo que incentive la producción de bienes y servicios con mayor componente de investigación y desarrollo (I+D). Sin embargo, la crisis, al pinchar la burbuja inmobiliaria, ya ha reducido drásticamente la participación de la construcción en el crecimiento del PIB y no parece que el escaso impulso dado a la I+D pueda en ningún caso ser suficiente. Hay que pensar en incentivar sectores industriales que puedan ser competitivos en el mundo globalizado actual.
Desde el punto de vista de la actividad productiva de bienes y servicios, en el ciclo anterior los sectores industriales perdieron peso, aunque es cierto que en parte se debe a la externalización de actividades de servicios (transporte, comercio, seguridad, limpieza…) que anteriormente estaban integradas en el sector industrial. Por el contrario, ganaron peso la construcción residencial, generando la burbuja inmobiliaria, y los servicios: servicios públicos, los relacionados con el turismo y los servicios a las empresas. No obstante, algunos sectores industriales incrementaron su actividad: el eléctrico, el químico y la producción de automóviles. En estos años, los sectores industriales que más están sufriendo el efecto de la crisis son los sectores transformadores auxiliares de la construcción y del automóvil.
Otro punto de vista para detectar posibles caminos hacia la recuperación es el análisis de la demanda. Durante la fase expansiva, la estrella fue la demanda interna tanto en consumo como en inversión residencial, mientras que la demanda externa no avanzaba suficientemente. Pero la crisis también ha cambiado claramente el modelo y, mientras que la demanda interna muestra tasas negativas trimestre tras trimestre, es la demanda externa la que está permitiendo alcanzar los modestos crecimientos del PIB que nos reflejan las cuentas nacionales. El crecimiento de las exportaciones de bienes y servicios está permitiendo no solo compensar el aumento de las importaciones -factura energética-, sino reducir el déficit por cuenta corriente, uno de los desequilibrios más importantes de nuestro modelo económico.
Sabemos que el consumo cae por la reducción de los salarios y otras rentas (dividendos, intereses, alquileres) causado fundamentalmente por el elevado nivel de desempleo y por el efecto pobreza causado por la caída del valor de los activos, pero ¿por qué crecen las exportaciones? En primer lugar, y a pesar de la manida falta de competencia de nuestros productos, las empresas con vocación exportadora han mantenido sus cuotas de mercado y a ellas se han añadido algunas que, ante la escasez de la demanda interna, se han lanzado a la aventura de la internacionalización. En las exportaciones de servicios, los relacionados con proyectos inmobiliarios y de transporte y todos los relativos al turismo de extranjeros están obteniendo buenos resultados y sus expectativas son favorables en el momento actual.
Por tanto, el modelo productivo desde el punto de vista de la economía real ya ha cambiado. Lo que necesitamos es mejorarlo, incentivar a los emprendedores y darles facilidades financieras para impulsar la producción y la creación de empleo. Y con esto llegamos a las verdaderas dificultades actuales: la falta de financiación. Y esto sí que hay que cambiarlo. Compatibilizar el saneamiento del sistema financiero con la financiación de las necesidades de la economía productiva es tarea difícil, pero necesaria y urgente.
El sistema productivo de la economía real está siempre envuelto y soportado con la economía financiera. Si no hay crédito en condiciones razonables, no puede llevarse a buen puerto una actividad productiva, ya sea en bienes o de servicios. Y el sistema actual exige de una fuerte reestructuración. Como el propio ZP ha reconocido en su última intervención, de la etapa expansiva hemos heredado “un sector financiero sobredimensionado que había crecido al calor de la expansión del sector inmobiliario”. Los cambios de modelo pasan por esa reestructuración y saneamiento de bancos y cajas, que si bien está iniciado, no parece ir a la velocidad necesaria para alcanzar una pronta recuperación que permita la creación de empleo.
Carmen Alcaide es analista y expresidenta del INE. El artículo en el País aquí.
Carmen Alcaide Guindo nació en Madrid en 1945 y es hija del considerado como padre de la estadística española moderna Julio Alcaide.
Licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, es Máster en Dirección de Empresas del IESE Universidad de Navarra y siempre ha estado vinculada al mundo de la estadística y el análisis económico. Carmen Alcaide inició su trayectoria profesional en el Instituto Nacional de Estadística en 1968. Ha sido directora de Coyuntura y directora de Análisis de Mercados en el Banco de Bilbao (después BBV y ahora BBVA). Posteriormente, pasó a dirigir el Servicio de Estudios del ICO. El día 1 de julio de 2000 fue nombrada presidenta del INE por el segundo Gobierno de José María Aznar, cargo en el que fue confirmada por el equipo del vicepresidente Pedro Solbes a su llegada a Economía en 2004. Fue cesada en 2008. En 2006 ingresó en la Academia de Ciencias Sociales y Medio Ambiente de Andalucía.
Durante su gestión se produjeron cambios notables en el sistema estadístico como la renovación periódica del método de cálculo del IPC, y del PIB, a instancias de Eurostat, y del padrón municipal. También ha estado centrada en la elaboración de nuevas estadísticas, entre ellas una de vivienda y varias sobre asuntos sociales e inmigración. En la Junta del BBVA de marzo de 2009, Carmen Alcaide, antigua directora del Servicio de Estudios del BBVA, intervino en nombre de Uniter, asociación de ex empleados del banco, y aseguró que todos los accionistas deben aceptar la política de prudencia de la entidad, pero siempre y cuando también se aplique a las gratificaciones de los máximos responsables.













