Posts con el Tag Comunicación

La Actividad de Escuela Andaluza de Economía en los medios

Queremos compartir con vostros un artículo y un reportaje que recientamente han aparecido en los medios sobre varios de nuestros estudios:

- Canal Sur 2, en el programa “Emplea2″ ha emitido un reportaje esta pasado domingo 15 de mayo, sobre los estudios que presentamos en la Confederación de Empresarios de Andalucía sobre:

- Los clusters empresariales en Andalucía: Una oportunidad para crecer (Resumen del estudio aquí).

- Nuevas perspectivas del sector de la Teleasistencia en Andalucía. (Resumen del estudio aquí).

Aquí podeís ver el programa: http://www.canalsuralacarta.es/television/video/presenta-laura-ruiz/2754/26

Y aquí la entrada que publicamos en el blog.

- En la Voz de Almería han hecho referencia al Estudio que presentamos también en la CEA sobre “Los hábitos de consumo en tiempos de crisis en Andalucía”.

Podeís ver aquí el artículo.

Y aquí la entrada que publicamos en el blog.

Los estudios promovidos desde la Escuela Andaluza de Economía nacen con el objetivo de avanzar en los temas de interés general que más inciden en el desarrollo económico y el progreso social de Andalucía.

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Ésta no es una crisis cualquiera

Por Fabián Márquez Sánchez, Presidente de Analistas de Relaciones Industriales y Miembro de la Comisión Técnica de la EAE.

Menudean los actos, seminarios, tormenta de cerebros, propuestas políticas, propuestas de pactos en relación con la crisis y sus efectos. Cuando los debates tienen lugar en el ámbito académico, neutral desde el punto de vista político, podemos abrigar sólidas esperanzas de que surjan conclusiones válidas, y que éstas trasciendan del campo estrictamente partidario y respondan al interés general. Por el contrario, abrir una ácida controversia acerca de la crisis y del diagnóstico de ésta, analizando al mismo tiempo responsabilidades de los grandes prescriptores sociales y, sobre todo, los políticos, inmediatamente concitan un alud de animadversiones mutuas que arruinan la consecución de cualquier resultado en el que las coincidencias sean algo más que meramente circunstanciales.

Sin embargo, la crisis llegó inopinadamente, para los menos avisados en el último trimestre del 2008, produjo inmediatamente 600.000 parados, sólo en el sector del ladrillo, y desde entonces los destrozos que tal huracán ha producido en nuestro tejido productivo han sido muy considerables. La única tasa que se incrementa mes a mes es el ahorro de las familias, lo que pondría de relieve hasta qué extremos están asustadísimas ante lo que se nos ha venido encima; los demás datos son decepcionantes.

La morosidad, en materia de pagos es ahora el doble que la de un año atrás. Han caído las cuantías tributarias en algunos impuestos en más del 20%, y el Gobierno se aprestó a incentivar la compra de automóviles porque este sector, vital para nuestra economía, había registrado un descenso de ventas del 40%; y el paro camina a pasos agigantados a superar la tasa del 20%. De otra parte, habíamos superado una cifra de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social y hemos descendido recientemente a algo más de 18 millones. A nadie debe extrañar que la principal preocupación nacional sea la crisis y las consecuencias de ésta, otorgando la ciudadanía más importancia a unos efectos: la falta de empleo, que a otros, pero sin que la opinión pública ignore que de la crisis se sale no incrementando los salarios de los funcionarios públicos, como hizo el Gobierno en el pasado año (3,96%) sino invirtiendo y propiciando la confianza suficiente para que los ahorradores rompan su faltriquera y gasten e inviertan, ya que en caso contrario terminaremos instalándonos en la mediocridad que conlleva cualquier crisis económica, y podremos estar tristemente adormecidos en ella muchos años.

Existe coincidencia general en la necesidad de galvanizar todas las potencias nacionales, pero no sé que ocurre que cuando esperamos confiadamente lo mejor de nosotros mismos, la “montaña produce un ratón”. Es decir, el gran pacto sugerido por su Majestad el Rey, planteado en debate parlamentario y que ha justificado hasta el día de hoy múltiples reuniones de partidos políticos y de comparecencias ante los medios, ha dejado de ser lo que era para convertirse sólo en un determinado consenso sobre algunas medidas que convendría adoptar entre todos en beneficio del común de nuestra economía y, por lo tanto, de los españoles.

Afortunadamente el ministro de Educación, Gabilondo, parece que muestra una gran dedicación, y arrastra al PP a un gran compromiso en materia de reforma educativa, sin cuya realización no es posible pretender a medio plazo cambiar nuestro modelo productivo basado en el trabajo de baja cualificación y, en definitiva, en el “ladrillo”.

Además, sindicatos y patronales han firmado, a la “chita callando”, en los últimos meses dos acuerdos: el primero para resolver los convenios colectivos pendientes del 2009 y, el segundo, para fijar directrices de clara moderación salarial para los convenios correspondientes a los próximos tres años. Además, están dedicados concienzudamente a intentar pactar una reforma laboral que se muestra difícil, pero no irreductible, y que corre el riesgo de naufragar, como ocurrió en julio, en la incoherencia más absoluta si el Gobierno, respondiendo al dictado de una de las partes, establece una vez más “líneas rojas” infranqueables o fija calendarios de negociación imposibles, o se producen todos los días informaciones radiadas de lo que está sucediendo con propuestas mil que llueven sobre quienes negocian, planteándoles el reto de lo imposible. En efecto, si las bases de sindicatos y patronales aspiran a la perfección, como ésta no es de este mundo, y mucho menos en plena crisis, la reforma laboral resultará inviable.

De otra parte, cuando alguien se emperra en ejercer de agente provocador logra el efecto inmediato de enrocar a la parte a la que pretende excitar y, esa situación, como en el ajedrez, impide culminar la partida. En conclusión, la crisis es tan gorda, que impone remedios extraordinarios, y mucho tememos que éstos resulten inaplicable en el actual contexto político.

El presidente del Gobierno se esfuerza, pero no lo suficiente. Y no surgen incentivos que justifiquen que la oposición sustituya su actitud meramente contradictoria con los supuestos errores y equivocaciones del poder, por una política de colaboración que sin duda implica una corresponsabilidad en el empeño de salir de la crisis. Si persisten durante varios meses los actuales datos negativos, seguro que la ciudadanía reclamará: o un gobierno de coalición contra la crisis o elecciones anticipadas ya. Ello ocurrirá más pronto que tarde.

Fabián Márquez es Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona y Diplomado en Administración de Empresas por la Escuela de Administración de Empresas de Barcelona.

Preside la Compañía Analistas de Relaciones Industriales, S.A., constituida hace 20 años. Ha dedicado su actividad profesional a dicho campo, contando entre sus clientes con la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y participando, como Asesor de la misma, en cuantas negociaciones y pactos sociales se han producido en España desde 1979 hasta nuestros días.

Es miembro de la Comisión Consultiva Nacional de Convenios Colectivos, del Consejo Económico y Social y abogado de los Ilustres Colegios de Abogados de Madrid y de Barcelona.

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España, Grecia y la Unión Monetaria

José María O’Kean, Catedrático de Economía de la Universidad Pablo de Olavide y Miembro de la Comisión Técnica de la Escuela Andaluza de Economía, firma hoy una interesante tribuna en El Correo de Andalucía.

Descargar esta tribuna.

Hay que reconocer que, hasta la crisis económica, la creación del euro y la consolidación de la Unión Monetaria habían transcurrido por un camino de rosas, en un ciclo económico expansivo largo y sin tensiones monetarias. La crisis ha puesto a prueba positivamente la fortaleza de este sistema monetario, pero la salida de la misma nos está demostrando que este selecto club requiere de sus socios más rigor del que era previsible.

Como es sabido, los países que requerían más financiación internacional, en la medida que vivían por encima de sus posibilidades, han visto como los mercados financieros han perdido la confianza en sus activos financieros y las salidas de capitales, que se han originado, ha depreciado sus monedas. Tal es el caso del dólar norteamericano y la libra esterlina, debido a que estos dos países venían presentando de manera continuada déficits en su Cuentas Corrientes de alrededor del 5% de su PIB.

La UM, regida por Alemania, el mayor exportador del mundo, ha visto como el euro se fortalecía en el proceso de ajuste y una vez que la senda del crecimiento se ha iniciado, aunque con timidez, toca ajustar las cuentas y mirar a un nuevo ciclo con confianza. Y esto era así hasta que los mercados financieros han detectado que dentro de la UM hay que diferenciar unos países de otros.

Esta diferenciación, que se traduce en una mayor exigencia de tipos de interés para financiar el nuevo endeudamiento, no debe verse como una conspiración si se analizan los datos sin apasionamientos. Por ejemplo, antes de la crisis, España y Grecia eran dos países que también vivían por encima de sus posibilidades. Sus saldos exteriores eran deficitarios en una cuantía del 9.8% y del 12% del PIB respectivamente. El doble que USA o el Reino Unido.

Durante la crisis, todos hemos hecho políticas de demanda expansivas aumentando el Gasto Público. Esto ha llevado a España a un Déficit Público, que hay que financiar, del 11.8% del PIB y a Grecia del 13%. Como consecuencia la Deuda Pública emitida ha subido en el caso griego al 125% de su PIB, y en el caso español a una cifra aún aceptable, el 66%.

Pero si miramos con más detenimiento, las necesidades de financiación, no tanto de los agentes públicos sino de los privados, vemos que las familias y las empresas griegas estaban endeudadas en 2009 hasta un 103% de su PIB y las españolas hasta el 209%. Como puede verse, los mercados financieros tienen más que sobradas muestras de que estos dos países van a necesitar muchos recursos financieros y que pueden tener dificultades para pagar las deudas vencidas. Además hay que hacer observar que la cifra record de paro de la economía española, nos obligará a mantener el gasto social y nos impedirá ajustar nuestras cuentas en los próximos años.

Ante esta difícil situación, los programas de ajustes se están presentando con mayor o menor éxito. Aparentemente la economía española es más sólida que la griega y es de mayor dimensión. Pero también está mucho más endeudada.

Es cierto que los mercados financieros han sido culpables de la crisis financiera. Pero también lo han sido los Bancos Centrales por las políticas superexpansivas que han practicado y, finalmente, todos nosotros que nos hemos endeudado para vivir mejor de lo que podíamos. Ahora se trata de llevar los ahorros de las personas, gestionados por los fondos de inversión, a los sitios más seguros para mantener el valor de los mismos. Y en estas decisiones nadie habla de patriotismo y unos pocos países endeudados pueden arrastrar a la misma moneda de otros países que están ajustando sus cuentas y que son solventes.

La desconfianza ha llegado a tal extremo que la UM ha tenido que salir al paso. Y en esta acción, ante la seriedad del momento, se ha puesto de manifiesto que Alemania, con la compañía de Francia, es quien manda en la UE y que las autoridades comunitarias, los presidentes rotatorios y hasta el máximo dirigente del BCE, quedan subyugados ante la comparecencia de la Sra. Merkel. Y hay que reconocer que ha estado lista. No se ha dejado engañar por las circunstancias y se ha dado cuenta de que si ayuda a quien lo hace mal, está generando un incentivo para que haya más países que sigan esta senda. Se ha limitado a decir que la UM apoyará a los países con problemas, pero sin prometer fondos y exigiéndole que ajusten sus desequilibrios financieros. Y en ello estamos. Y a nosotros nos coge nuevamente con el pié cambiado. Cuando aún no hemos salido de la crisis, ni hemos cambiado nuestro modelo productivo, ni hemos acometido reforma estructural alguna, empezamos a realizar una política fiscal restrictiva, que va a alargar la recesión.

José María O’Kean es Doctor en Economía por la Universidad de Sevilla (1986), Executive Master en e-business por el Instituto de Empresa (2001), Senior Associate Membrer del St.Antony´s Collage de la University of Oxford (1985) y fue investigador visitante en la John F. Kennedy Shool of Government de la Harvard University (1987).

Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Pablo de Olavide desde su creación en 1997 hasta 2003 en que pasó a ser Vicerrector de Fundaciones de esta Universidad. Actualmente es Catedrático de Economía Aplicada, profesor de Teoría Económica y Económica Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla desde 1997 y profesor asociado de Entorno Económico y Análisis Económico en el Instituto de Empresa de Madrid desde 1991.

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“La educación como inversión”

Hoy en El Correo de Andalucía, Juan Salas Tornero, Presidente de la Escuela Andaluza de Economía, explica en esta tribuna por qué es tan importante la apuesta por la inversión en educación como camino hacia la excelencia universitaria.

En su historia más reciente, la Universidad en España ha atravesado diferentes etapas. A finales del siglo XIX, puede decirse que la Universidad es docencia. La institución venía debilitada del siglo anterior y los pensadores mejor instruidos la consideraban algo fosilizado, de bajo nivel e incapaz de aportar pensamiento innovador alguno.

Sin embargo, el siglo XIX supone un giro radical en esta visión. El Plan Pidal (1845) y la Ley Moyano (1857) consiguen relanzar, a través de la intervención y la apuesta estatal, la educación universitaria de manera definitiva. Se inaugura una época de grandes docentes, ilustrados académicos del mundo universitario como fueron Miguel de Unamuno o Giner de los Ríos. El XIX es el siglo de la enseñanza de letras, donde destacan las Universidades de Filosofía y Letras, Derecho, Medicina y Farmacia. Así, no es de extrañar que, a mediados de siglo, de unos 17.000 estudiantes, 8.400 se ubicaran en las escuelas de derecho.

Esta situación comienza a cambiar a finales de siglo con la creación en 1857 de la Facultad de Ciencias (que abarcaba Ciencias Exactas, Físicas y Naturales). España entra así en el siglo XX con una universidad reforzada y que empieza a innovar en el ámbito científico con paso lento pero decidido.

El siglo XX será el siglo en el que, junto a la docencia, se potencie la investigación. Además, el movimiento universitario empieza a ser potente. Los universitarios se muestran orgullosos de serlo; en Sevilla, como en muchos otros sitios, los estudiantes levantan incluso un monumento a su fundador, Maese Rodrigo, para demostrarlo. Por desgracia, la guerra civil y la posguerra frenan durante demasiado tiempo el despegue cultural que había comenzado de manera fuerte en 1919 con el Plan Silió y que tanto prometía; sin embargo, a pesar de ello, el siglo XX dejaría el ejemplo del trabajo y la entrega de reconocidos científicos de la talla de Gregorio Marañón o Ramón y Cajal.

Ahora nos encontramos inmersos en el siglo XXI, momento en que la Universidad, además de docencia e investigación, debe convertirse en un organismo inversor que, apoyado por los resultados investigadores, se comporte como un lazo de unión del conocimiento con su aplicación en el mundo empresarial.

Actualmente hablar de educación debería llevarnos de inmediato a hablar de calidad y excelencia, características indispensables para una institución de tan alta responsabilidad social.

Sin embargo, queda un largo camino por recorrer hasta lograr la excelencia universitaria. Es urgentemente necesario tomar el pulso a la calidad en las aulas de unas Universidades que deben estar en las mejores condiciones para pelear por ser promotoras de innovación social, cultural, empresarial y económica.

Estoy convencido de que la educación es la inversión más rentable que podemos hacer. Debemos apostar por la docencia y la investigación como herramientas que nos conduzcan a alcanzar un sistema educativo con el que estemos en condiciones de competir con los mejores en desarrollo, conocimiento e innovación; y eso sólo podemos hacerlo con el incremento de la inversión, la apuesta firme por la investigación y el refuerzo de la calidad en la docencia.

Para la Escuela que presido, la Universidad debe convertirse en un motor más del país que ayude en el desarrollo económico y el progreso social. Por eso, hemos puesto en marcha una nueva herramienta de intercambio de conocimientos y experiencia que nos ayude a mejorar en excelencia y calidad.

Nos mueve la inquietud por dar respuesta a problemas actuales y hacerlo desde la observación, la reflexión, el debate y el estudio de experiencias exitosas en este campo. Estoy convencido de que la apuesta decidida y la lucha por la educación de excelencia es, hoy por hoy, la mejor política que puede hacerse para impulsar a la economía hacia un mayor y mejor desarrollo.

Somos conscientes de que nuestro país no destaca en términos de excelencia académica, algo que queda demostrado si miramos el ranking de las 150 primeras Universidades del mundo, entre las que no se encuentra ninguna universidad española. Por ello, la Escuela Andaluza de Economía hace con el desarrollo del ciclo La Educación de Excelencia una fuerte apuesta para fomentar la excelencia de nuestras Universidades a través de la observación y la escucha de las experiencias de las mejores Universidades del mundo y la elaboración de un Libro Blanco con el que pondremos los conocimientos adquiridos a disposición de toda la sociedad. Además, el proyecto contempla la creación de un sistema de apoyos para que proyectos exitosos se conviertan finalmente en innovadoras start-up que devuelvan esa inversión a la sociedad.

Nuestro sistema de educación superior necesita ser modernizado, para lo que es fundamental ubicar la investigación en un entorno académico, científico y emprendedor innovador, algo que requiere indiscutiblemente de una estrategia exitosa de promoción de la excelencia.

Debemos implicar a participantes e invitados en la profundización del análisis sobre la situación actual de la Universidad en España, hacerlos partícipes de los problemas con que contamos y mostrarles el camino que debemos seguir hacia la educación de excelencia. Y, al menos en mi opinión, no hay mejor camino para generar nuevas ideas que a través de los ojos y la experiencia de aquellos que ya han alcanzado el éxito.

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